Invitación

Estaba sentada en la cafetería de los miércoles, esa que tenía sabor a media semana, perfecta para despejar mi cabeza unos minutos antes de entrar a mi trabajo.

Cortado mitad leche y mitad café, acompañaban ese cupcake de coco que me saciaba las ganas de algo amargo y dulce al mismo tiempo.

El sol de las 7 se asomaba por la ventana que estaba detrás de mí y el calor se acomodaba con confianza en mi espalda, haciéndome sentir un lugar cálido y hogareño, todos los miércoles estaba tomando un café en casa.

Las meseras ya me conocían y el sillóncito donde me sentaba ya casi tenía mi silueta marcada, disfrutaba ese momento muchísimo, era relajante al alma. De pronto entró. Pidió expreso y se sentó enfrente de mi en una mesa continua a la mía, lleno de complicaciones y con el tiempo a cuenta gotas. Hablando por celular y con una carpeta en la mano, y mil preocupaciones en el bolsillo.

Por un segundo bajo de la torre estresante en la que se había montado y por solo dos segundos me vió, sentada en mi lugar de paz. Interrumpe Lucía con el expreso que había pedido y le ofrece algo más, pero casi con la certeza del no. Agradece y vuelve a sumergirse en el agite, tomando el café con una mano y la otra su celular.

Tenía los minutos monetariados y la vida cronometrada hasta en el último detalle, todo parecía que representaba algo calculable para él, todo tenía que valer algo. No podía dejar de mirarlo, por curiosad en parte, pero atracción definitiva era lo que me impulsa a observar a ese manojo de problemas.

Preguntó a la mesera si tenía un cargador, ya que no había batería que descansará en esas manos, no sé terminaban, las aniquilaba. Me pare de mi mesa, de mi comodidad y me dirijo al sujeto ofreciéndole mi cargador el cual ya había traído antes porque hice la misma pregunta que él, y fue la respuesta de las chicas del lugar la que ayudó a nunca olvidar mi cargador.

_Toma, aquí no tienen cargador._

_Gracias, supongo que deberé enchufarlo en la barra,aunque necesito usarlo. _ dijo sorprendido.

_ En mi mesa hay un tomacorrientes justo al lado de la silla, eres bienvenido si lo deseas. _

Me miró con una expresión desconcertada, pero aceptaría, no podía dejar un segundo ese aparatito infernal. Se sentó en mi mesa y trajo a mi espacio de confort su expreso, sus papeles, su celular y su peso en los hombros. Lo conecto y comenzó a mandar mails, textos y pedazos de vida.

_ ¿Tu no tienes empleo?_

_ Oh si, pero él no me tiene a mi_

_Ja_

Fue la risa más extraña que oí en mi vida pero al mismo tiempo la sentí sincera, por unos minutos dejo el celular y tomó su café el cual bebía con rapidez destrozando los sabores y aromas, tuviera café o agua en esa taza era lo mismo para él, la mecánica matutina que manejaba esa persona era precisamente lo que más me llamaba la atención.

_Entonces, no tienes empleo o solo estás tomando el sol?, Pregunto porque te veo muy relajada._ Soltó esa frase en lo que bebía su café.

_ Tengo un ritual todos los miércoles a la mañana, donde el tiempo que dure mi café, no uso el celular,ni uso el mundo prácticamente. Es un tiempo exclusivo que me dedico. _

_ Sabes todo lo que perdería si las mañanas de los miércoles me ” dedicará” aunque sea una hora? Imposible._

_ Me imagino muchísimas cosas importantes, no?_

_ Seguramente, soy una parte vital de mi trabajo y me necesitan. _

_ Pero tu que necesitas? O mejor dicho que quieres?_

_ Quiero que la empresa progrese y ser exitoso, necesito tener un buen futuro, estar cómodo me entiendes?_

_ Entiendo tu punto de vista, pero no podría desperdiciar otras cosas que noto que dejas de lado, en fin somos distintos_ Terminé mi café con esa frase.

_ Cosas como que?_ casi enojado expresó.

En ese instante su teléfono sonó cortando el ambiente que habíamos creado con un poco de esfuerzo.

_ Me tengo que ir, pero el miércoles que viene pediré el expreso aquí, lo hacen bastante rápido. _

_ Y bastante rico también, aquí estaré_

Así todos los miércoles por durante unos meses, me sentaba a explicarle la vida o mejor dicho lo simple y bella que era a un hombre trajeado. Compartíamos ideas y cafés, hasta que pudo resolver que se perdía de su vida por trabajar en la vida de los demás. No valía la pena perderse la simpleza de la cotidianidad que ofrecía la vida, ignoraba que quizás tenía el corazón lleno de dilemas que podían resolverse con caminar por el parque, sentir el sol o solo ser. Luego de un tiempo de citas y café, ese hombre lleno de papeles y pesos laborales, se despierta hoy a mi lado, agradecido de tener una oportunidad cada día para descubrir que hay más allá de su corbata. Déjenme decirles que siempre puede cambiar algo o pueden suceder cosas que nos hagan más felices, quizás con una invitación a tomar café.

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