Perdiendo el Control

No podía dejar de pensar en todas las formas que se me ocurría besarlo y en cada lugar que me gustaría hacerlo. Encima esa gracia innata de seductor que emanaba,casi imperceptible para la mayoría pero estaba allí, inundaba cada espacio con alguna anécdota que me hacía reír aunque me cuesta a veces ser simpática en encuentros casuales pero con él me era fácil, admito que odio un poco eso.

Pagó los tragos, e inmediatamente sugirió un plan, nunca se quedaba sin nada que decir y cuando el silencio se hacía presente solo nos sentíamos allí. Pensé en varias oportunidades en perder la línea un momento y decir solo lo que me surgía en el momento, lo escuché, analizaba lo que oía pero mi atención estaba simplemente en la literalidad mental de cada cosa que me contaba. Me preguntaba cómo lograría dejarle algo a una persona que tiene tanta experiencia en el campo, pero jamás dudando de mi capacidad de ser diferente.

Dos opciones, una muy poco probable de avanzar y la tentadora, que por supuesto fue la que iba a elegir, aunque me seguía negándo a mi misma las ganas de dar el sí. No quiero ser ” una más” porque si lo escuchabas solo unos segundos eso te hacía sentir, pero como siempre el diablo es bello, cuesta decidir. Directo y conciso, sin rodeos fue lo que me llamo más la atención, teniendo en cuenta que el ámbito que maneja la generación actual es una calesita de idas y vueltas. Yo no quería compromisos ni reclamos, él dejo bien en claro que buscaba eso también. Una refencia al chat anterior fue el detonante para que mi remera fuera la primera en salir de lugar. No soy tímida cuando se lo que quiero y los tabúes no son bienvenidos en mi cabeza, menos cuando tengo un incentivo que no me deja tregua ni un segundo. Fue una maniobra que no ví venir la que que me puso encima de él en el sillón con los pechos a plena y conveniente altura de su boca, las descripciones de ese momento se resumen en ” exitante”. Una combinación perfecta de besos y tensión sexual se apoderan del ambiente.

La situación se volvió predecible, pero esa certeza me gustaba bastante como para dejarla ir, aumentaba la adrenalina que quería contener y el control se escapa fácil de mis manos. Unos minutos bastaron y ya me tenía completamente sumisa a sus pies, no entiendo cómo rebasó tan rápido todos mis límites, pero siempre que me estimulan el cerebro antes que el clítoris es indudable que voy a ceder, y fue justo así como me tenía desnuda frente a él, de rodillas, con todo mi dominio en el corpiño que me había quitado. Todas las expectativas que había idealizado de su fuerza fueron alcanzadas en un nivel óptimo de satisfacción, esos brazos eran todo lo que necesite esa noche para doblegarme. Así los besos fluyeron solos, los gemidos se hacían oir, sus manos en mi cola, mis ganas en el máximo y su líbido libre fueron todos los factores que hicieron una buena noche de sábado.

Tenía expectativas, no voy a negarlo, la experiencia que el maneja en el rubro del placer era más del doble de la que mi práctica puede objetar, pero la imaginación siempre fue mi aliada en momentos donde la teoría tendría sentido. Sentí estremecer mis piernas arriba suyo y el calor que sentí fue espectacular. Quizás los horarios, quizás por ser la primera vez pero estoy segura que eso fue el botón de una muestra que me haría volar la cabeza cualquier noche que me dedicara en su atareada vida, un tiempo para olvidarse de todo y darme el lugar de volver a estar desnuda en su cama, perdiendo el control.

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